Vida compartida es una instalación digital a cielo abierto que utiliza luz y biofeedback para materializar el holograma de un tordo amarillo, especie en estado de conservación del litoral argentino.
Es una respuesta solarpunk a una vida de datos capturados sin objetivo más que la mercantilización, intentando crear un momento de sensibilidad entre la persona participante, que ya no sólo espectadora, siente.
Además de las múltiples especies conservadas del litoral, el tordo amarillo se distingue por su característico pecho dorado, espalda y alas negras. Con menos de mil ejemplares en todo el país debido a la pérdida de su habitat, su conservación se ha visto amenazada.
La obra utiliza un video sintético de un tordo amarillo posado en una rama sobre fondo negro. El video está cortado en tres partes que siguen el pulso: el despertar, en el que cada latido avanza la imagen mientras la cámara gira hacia el frente del pájaro; un aleteo, uno por latido; y el vuelo, cuando el dedo se retira.
Durante el proceso, exploré la materialización de la luz de distintas formas: tramas, modelos y lenguajes. Finalmente, la decisión de una imagen hiperrealista logra un efecto de inmersión real y total por parte de la persona participante.
El registro láser del oxímetro permite capturar las pulsaciones del visitante, dándole así vida al pájaro a través de la luz. El oxímetro se conecta por Bluetooth a una computadora, y el código traduce las pulsaciones de la persona visitante en puntos de luz para crear el pájaro. Al aumentar las pulsaciones de la persona visitante, el pájaro comienza a aletear sus alas, como queriendo volar. Pero permanece. Cuando el visitante abandona el espacio, el pájaro desaparece volando.
El tul está en penumbra. Cuando un dedo entra en el oxímetro, aparecen unos destellos sueltos.
Cada latido reúne un poco más de luz. En doce latidos el pájaro está completo, posado en la rama. Si los latidos se detienen, se desvanece.
Mientras el dedo sigue ahí, el pájaro sacude las alas con cada latido de quien lo mira.
Al retirar el dedo, el pájaro abre las alas, levanta vuelo y se deshace en luz. Unos segundos después, puede empezar el siguiente visitante.
El oxímetro ilumina la yema del dedo con luz roja e infrarroja; el pulso de la sangre cambia cuánta luz la atraviesa. Esa onda viaja por Bluetooth a una computadora, donde el navegador reconoce cada latido. La computadora envía la imagen a un proyector apoyado en la orilla, frente al tul e inclinado apenas hacia arriba: la luz cruza el agua. Todo lo que es negro en la imagen no da luz, y sobre la trama del tul solo queda el pájaro.
Figura interactiva: poner el dedo, elegir el pulso, girar la escena, ver adentro.

